lunes, 4 de abril de 2011

Comentario al tema 5 - Ramiro Garavito

Comentario al artículo de Angelika Heckl: “¿Para qué el curador?”

A propósito de las acertadas observaciones de Angelika Heckl acerca de la actividad curatorial en el arte actual, quisiera agregar algunas reflexiones relativas a la especificidad del ejercicio curatorial en Bolivia y a las razones de su necesidad. No solo preguntarse entonces “¿Para qué sirve el curador en Bolivia?”, sino también “¿Porqué existe el curador en el arte contemporáneo?”; por tanto, una razón de práctica y otra de necesidad o fundamento.

Hasta finales del siglo XIX el curador era una figura perteneciente a los museos y como bien dice Angelika, era un custodio ilustrado de las obras a su cargo, con tareas como la selección adquisición, exposición y catalogación de obras; pero lo importante a señalar es que estas obras de arte sostenían en sí mismas las razones de su artisticidad, “tenían un carácter ontológico” dirían los filósofos; por tanto, la obra de arte como tal podía prescindir del curador.

Con la aparición de las vanguardias cambio radicalmente la naturaleza de la obra de arte, ésta, al verse intrínsecamente relacionada con la vida, con el espectador, con los museos, con procesos teóricos de reflexión crítica acerca de la realidad y del mismo arte, etc, perdió su autonomía ontológica; su artisticidad estaba complejamente dispersa. Se hizo necesaria una mediación que pudiera articular las nuevas obras de arte -y sus inéditas consecuencias- con un espectador cuya cabeza todavía contenía el antiguo modelo de lo que era una obra de arte. Esa mediación entre el espectador y el nuevo arte fue asumida por el curador en tanto conocedor de lo que estaba sucediendo en la historia del arte –tanto antigua como reciente-, lo que hizo que éste adquiriera, como consecuencia lógica, el poder de crear criterios, sentidos, discursos, etc. Por eso Andreas Huyssen dice que curar, en nuestros días, significa movilizar obras de arte, traducir, readecuar contenidos especializados, dentro de las paredes del museo...así como también en las cabezas de los espectadores, y Achile Bonito Oliva afirma una nueva clase de público no especializado, instantáneo, intercultural y transnacional al que debe dirigirse el curador.

Entre lo necesario y lo arbitrario del papel actual del curador hay un espacio indeterminado que borra la posibilidad de definir objetivamente su función, lo cual sin embargo, más que una objeción, es una oportunidad para ejercer una curaduría contextual, sin las ataduras que presuponen los conceptos que pretenden la universalidad o la objetividad: si el arte contemporáneo es fundamentalmente contextual, es absolutamente coherente y necesario que los curadores hagan curadurías contextuales.

En ese sentido la curaduría en Bolivia, si se trata de arte contemporáneo, no puede ser sino de carácter contextual, es decir, asumir el carácter de mediador necesario, entre las obras y el público, a partir del conjunto de circunstancias concretas en los que tiene lugar el arte. Si bien esto puede implicar establecer criterios, crear sentido, concebir discursos, organizar exposiciones, etc, lo que importa es construir ideas y situaciones que pongan en valor la obra de arte en su relación intrínseca con el espectador, sin olvidar el contexto en el que esa relación tiene sentido.

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